miércoles, 31 de mayo de 2017

Conjurados






Inhabitados de una nostalgia desconocida que sacude las almas con su dulce martillo.
Desconcertados por los rumores que la noche susurra en la inminencia del alba.
Jadeantes y deseosos,
insatisfechos de lo dado,
consumidos y exhaustos,
con la enorme dicha de la ligereza
y la tremenda carencia de lo profundo…

Alguien dijo saudade y reconoció una entraña dolorida.
Alguien se aventuró en un conjuro intempestivo.

domingo, 2 de abril de 2017

A Claudio Rodriguez, escanciador y poeta







Poeta del momento,
de la vida que germina en la mirada,
del trago de aire y del golpe de agua.
Poeta del espíritu que es aire y agua viva,
del misterio del cuerpo de la amada.
Amigo de Plotino, de Platón,
de quienes de poética supieron indagando en el conjuro,
en la palabra iluminada que revela y estremece
brotando de la entraña sin que nada propio medie;
cultivando el misterio de ser dicho…
Como bien dice el maestro: “Miserable el momento si no es canto”.
Miserable la atención olvidada.
Miserable el momento del “yo digo”.
Don Claudio, poeta de la luz de la alborada,
de esa amanecida escanciadora
que en el don de la ebriedad se desparrama.

jueves, 9 de febrero de 2017

Prometeo encadenado ( A Zeus, confusamente se dirige)





Destruido por un animal terrible o más bien por espectro de otra época que toma cuerpo inhabitando el alma;
y me vive y en espectro me convierte y me transforma en cerdo de Circe, en cretino, en zombie moribundo, en caos reptante sin forma;
espectro de la nada hacia la nada…

Oh águila, fiera e inclemente, de quien son las cadenas que aprisionan mi alma y me maldicen si como sé todo es Uno.
Quién eres tu águila mía que imperas en mi cieno y a tu dictado me dictas en mi errancia.
A la piedra me anclas con tus garfios y la piedra, ante mi canto, ni cede ni se inflama.
Me arrebatas la palabra iluminada que la carne enciende.
Me desatas tu mirada desgranando oprobios, puliendo cuchillos en tus ojos, hiriéndome el alma y el vigor, helando mis miembros y mi cuerpo entero salvo corazón y mirada.

Como terminé aquí, oh mi demon de luz, destino luminoso de mi alma,
enajenado por esta llamada del no ser que, ciegamente, obedezco como marioneta que mueven y dirigen siendo otra su conciencia.
Alma encadenada y penitente que gustas de palpar tu ignorancia sin poder conjurar la vida en tu palabra quedando libre de herrumbres y cadenas.
El corazón inflamado te falta, la memoria olvidadiza...
En el océano negro braceas como Ulises.
Tu corazón arde bajo una coraza de herrumbre y ahí se acoge tu memoria.
Alza los ojos y solo veras a tu guardiana, fiera y alada, ejecutando en tu cuerpo endurecido su palabra.

Creíste ver el fuego de los dioses brindándose a los hombres
y tu senda te condujo a las aguas oscuras y a la piedra fría.
Es Zeus quien martillea tu alma y Heracles el aroma de tu vida liberada…
Heracles patético; Heracles siempre humillado; Heracles el que a otros entrega su vida y poder. Sobre Heracles Es Hera quien tiene la palabra…
La vida le pide.
El arte del giro le exige.
Un sí, un mero movimiento y quemarse en su llama

Heracles te liberara de las cadenas.