jueves, 16 de julio de 2015

Fuego y medida

 


Yo soy el contador de las espadas de fuego.
Las cuento y numero sin descanso.
Míralas bien allá arriba,
culebreando por encima de tus sienes
y derramándose hasta tus labios jadeantes .
Yo soy el que mide su medida;
el que administra tu fuego.
Espadas, lenguas ardientes, parteras de vida
llameantes, danzarinas, afiladas,
Fíjate bien,
hay quien te las hurta
y yo otorgo rubrica y medida a ese hurto.
 
Despojado, tras la rapiña,
solo verás un yermo grisáceo y nocturno.
Nada, ni su sombra, quedará del ladrón.
No vaciles, no tiembles, no te olvides de tu temblor.
Atiende a tus piernas sanguíneas y adéntrate en el páramo gélido.
Entre aguas frías y bajo la luna
encontraras geometrías desfalleciendo
y espadas grabadas en la roca;
formas y figuras
todavía palpitantes,
todavía enamoradas.
Haz memoria.
El corazón es matriz de figuras de vida
y su sangre de la misma hebra que el fuego de mis espadas.
Y el corazón vivo, su cuna.

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