lunes, 15 de diciembre de 2014

Agua de beber (Ulises)

 


Entre aguas cristalinas un niño bebe frescor y siente pureza.
¿Quién bebiera de ese agua?
En el fondo, bajo esas aguas,
un lecho de piedras anaranjadas, ocres, blanquecinas…
Sobre el lecho oro, pequeñas piedras de oro.
Un oro solar, brillante, fino…
 
Misterios ardientes nos brindan sus reflejos rojizos.
 
El oro.
Del vientre de la tierra alquimia milenaria.
Su susurro suave nos habla en el oído y el deseo despierta
y el corazón se encharca.
La piedra se reconoce liquida y ardiente.
El deseo divisa sus hebras más profundas.
 
Sobre el oro, vigilantes, las hormigas patrullan.
Hormigas oscuras de grandes cabezas y sólidas tenazas.
Se mueven rítmicamente.
Sus negras corazas nos devuelven reflejos de sombra.
Su brillo es impoluto.
Sus tenazas repiquetean.
Sólo nadie osaría acercarse.
Nadie visible,
nadie que ande,
nadie que hable.
Mi nombre es nadie.
Nadie fue niño antes de ser nadie.
Nadie en el agua.
 
En el silencio veo un agua cristalina,
un fogonazo que deslumbra.
Allí la Nada burbujea y el oro líquido chapotea en el vientre de la piedra.
El silencio es vida; vida y agua.
Agua de beber.
 
 
 
 
 

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