domingo, 2 de noviembre de 2014

Sobre la obra de Antonio Valverde

 

Este Martes que viene, 4 de Noviembre, a partir de las 7:30 se presenta la exposición del escultor y fotógrafo Antonio Valverde, en la Casa de Galicia en la Calle Casado del Alisal nº 8(Madrid). Allí estaremos.

www.antoniovalverde.es
 
 Por lo demás tengo el gusto y el honor de haber escrito un texto introductorio para el catálogo de la exposición presentando la obra de este magnífico escultor. He decidido introducir el texto en el blog por su fibra poética y, también, para dejar constancia de la convocatoria de inaguración de la exposición.
 
 
 
 

Un Misterio que nos envuelve, un origen que nos interpela, una llamada silenciosa, un más allá que nos arrebata; en la vida misma, aquí y ahora… Y el arte presentando al hombre su propia memoria; la memoria de todos, la memoria de nadie… Luces entre la penumbra y el alma anhelando sentirse hendida por la luz...

Dicen que el arte contemporáneo se instala en la muerte del autor. Acaso más que de su negación se trate de que el artista sepa devenir imperceptible para dejar el sitio a ese Misterio que nos dice. Así, precisamente, se nos presenta el autor en su lúcido autorretrato. Entiendo que toda una declaración de intenciones y anhelos. Un retrato vacío y lleno. Antonio Valverde se nos muestra como sombra sobre piedra, como arabesco evanescente en la vitalidad y la templanza de lo originario;  más allá de sí, más allá de su condición de autor, dejando su espacio al Misterio… Su retrato es sombra, piedra y luz; piedra iluminada que apunta a ese Misterio que nos dice y a ese origen que nos susurra.




Todo arte expresa una mirada; y la mirada un temple y un paisaje emocional y, también, un determinado conocer del cuerpo vivo. Por eso todo arte es básicamente visión. La visión a la que nos invita la exposición de Antonio Valverde no será otra sino esa que nos sugiere en su autorretrato. La de superficies, texturas, luces y sombras apuntando al Misterio. La vitalidad y energía de la piedra, su llamada templada y serena, su evocación de lo originario… Piedras estilizadas y verticales dejando irrumpir el origen. Piedras acuáticas y aéreas como echándose a volar, piedras acogiendo a piedras, piedras vivas que nos hablan… La piedra como madre, como matriz de formas. A su lado una serie de imágenes fotográficas en blanco y negro. En sus intensos claroscuros observamos la irrupción de la belleza que ilumina la sombra... Flores dando forma a la oscuridad, la geometría derramándose en la arrugada piel de la vida, la tierra iluminada vestida de hierba… Iluminar la sombra; o acaso mejor darla la forma que demanda y ansía… Imagen y piedra; fotografía y piedra de granito, una propuesta paradójica… Saber, no sabiendo.





Así siento el arte de Antonio Valverde, como una visión que da forma a la materia, como un golpe de luz que trata de atisbar la forma en la penumbra. Un arte que eleva y que, al tiempo, nos sitúa en el corazón del drama de la vida. Claroscuros intensos, ese granito que nos avasalla en su poder pero que, al tiempo, es capaz de formas dúctiles...
Basta con mirar y con escuchar, con dejarse tocar por las obras, dejarlas ser en nuestra carne… No se asusten ante tal demanda de cercanía. Tampoco se asusten ante esa abstracción que insinúa formas. Entiendo que lo que mueve el arte impone pero lo que emergerá será su intimidad, su propia memoria, su aventura íntima. Les recomiendo una mirada solitaria, silenciosa y detenida a esta exposición. Un mirada de corazón. Como bien sabe Antonio Valverde estamos ante una verdadera aventura. La suya, la de todos. Acaso, también, la de esas piedras y la de esas luces y sombras.



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