lunes, 23 de junio de 2014

La noche encendida


 
 
Voz intensa, palabra de viento.
La nube resplandece a la luz de la luna y los hombres la miran extasiados.
La noche se ilumina.
Nada hay más que su presencia.
El cosmos, salvaje, se desata.
La belleza es una experiencia salvaje.
La intensidad se respira y el cuerpo entero se enciende estremecido.
Sobrevinó Kairos, el tiempo oportuno.
Sobreviene Ayon, el tiempo eterno.
La alegría borbotea.
La serenidad recoge.
El llanto libera.
Finalmente solo es una intensidad que enmudece.
La cotidianidad ni se aparta ni se menta.
Basta ver para ser entre tanta vida derramada.
La visión arrebata y nos eleva a su cima.
Nuestra plenitud es su palabra.
Todo el dolor cabe en esa flor.
Nada queda sino contemplar, gozar, ser.
La ebriedad se resuelve sobriamente en la mirada.
Nuestra danza es la danza de los astros.
Lo exterior es lo interior y lo adentro es afuera.
No hay dos. Solo hay Uno....
En el silencio la vida se desata; en su propio vacío la lámina en blanco halla sus trazos íntimos.
La gran salud es el cuerpo de la vida.
Son ya tiempos de éxtasis.
El cuerpo danza jubiloso. Alcanza más allá de sí.
Un buda sentado en el bosque. Un hombre que sencillamente ve.

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